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CHARLA - COLOQUIO OFRECIDA POR UN MIEMBRO DE
CÁRITAS La charla-coloquio la realizó Myriam Carretero, trabajadora en la cárcel de Topas a través de Cáritas, y la organizó Laura Gallego Herráez, Secretaria de Políticas Activas de Juventudes Socialistas de Salamanca. El lema que Cáritas sigue en los trabajos en cárceles es “toda persona privada de libertad debe ser tratada con respeto e igualdad”, que es una máxima del Consejo europeo. En los últimos años la población reclusa ha aumentado unas 20.000 personas. Dividida por sexo, la población reclusa es un 91,69% hombres y un 8,31% mujeres, el porcentaje de mujeres es muy alto si lo comparamos con el existente en otros países. El motivo de esta diferencia está relacionado con el motivo del delito, por lo que existen distintos puntos de vista al respecto. Muchos de los presos tienen situaciones especiales: más de 700 son discapacitados psíquicos (que no deberían estar en la cárcel), 11.300 son menores de veinticinco años, el 50% tiene hepatitis C y de ellos el 30% tienen VIH, entre el 70 y el 80% son drogodependientes (el 76% dice no recibir apoyo de ninguna ONG) y 21.834 son extranjeros. En el 2004 hubo 180 muertes, el 22,3% se suicidaron, el 51% murieron de enfermedad, el 18,4% de sobredosis, el 1,1% en accidentes y el 0,6% en agresiones. El perfil de preso es diverso. La edad del primer ingreso suele ser los veinte años (el 85%), más de la mitad de los presos (el 54%) son toxicómanos. En cuanto a los estudios el 7% tienen estudios muy bajos, el 51% tienen el graduado escolar, el 22% estudios medios y el 20% estudios superiores. Las características principales de la mayoría de presos son: no tienen cualificación laboral, escaso o bajo bagaje escolar (el 10% son analfabetos), drogodependientes, enfermos mentales, deterioro físico (VIH, Hepatitis…), extranjeros sin arraigo en España, sin documentación y con situación extrema de pobreza económica. El paso por la cárcel tiene consecuencias físicas para los presos: pérdida de audición, de visión, de gusto y olfativa. No es una situación fácil para las familias que, en muchos casos, sienten rechazo o indiferencia y que se sienten avergonzados y tienen que ocultarlo a la sociedad. Las comunicaciones que existen entre los presos y el exterior pueden ser de distinto tipo: teléfono, carta o visitas (con cristales, comunicaciones familiares o comunicaciones íntimas). Tanto el teléfono como las cartas deben costearlas ellos mismos. Pueden enviar tantas cartas como quieran, pero para usar el teléfono debe ser el un tiempo específico y sólo pueden llamar a números determinados. Cáritas realiza este trabajo en las cárceles porque en ellas hay personas y deben crearse espacios humanos y humanizados. Para ello siguen tres principios: creencia en la persona, en el grupo y en la acción organizada. La ponente, desde su experiencia personal, argumenta que algunos presos consideran la cárcel como un aviso para cambiar su vida, pero son pocos casos. La mayoría no logra reinsertarse, existiendo una alta reincidencia. Ella misma dice como respuesta a una de las preguntas de los asistentes: “tengo mis dudas: no es que no crea en la reinserción es que no sabemos [la sociedad] cómo tratar a los expresidiarios y como no sabemos cómo tratarlos pues los aislamos de la sociedad”.
FOTOS DE LA PONENCIA:
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